(Cero Dos Be*)

Spanair's burial: a dead that is pretty much alive

28/04/2012
17:23 horas
Rafael Suñol
Rafael Suñol
*Second and last chapter.


Generally speaking, for any project to foster good expectations it is necessary to clearly set the goals we are intending to achieve, to gather the necessary funds and an aspect that is normally overlooked: the organisation structure layout.

Never enough is invested in how a business project is going to be ruled. Neither in the government board nor in how the high executives are intended to be hired.

And what normally stands out is the lacking that shows any society when it is a public-private one, in which the public sector plays a subordinate role to the private sector -it has ceded the management- but delivers, one way or another, most of the funding.

Spanair was a private project that hinged on public support, managed by private entrepreneurs but boasting of public funding, supplied by public administrations and non-administrative societies

Spanair era un proyecto privado que pivotaba en una infraestructura pública, gestionado por empresarios privados con financiación pública, suministrada por instituciones y entidades (no administrativas), participadas por fondos públicos.

Cuanto menos era un dibujo jurídicamente ambiguo, no habitual, difícil de explicar ("es muy de aquí"), y mas difícil de comprender.

Con este dibujo societario, era difícil asignar responsabilidades precisas y exigibles.

Este hecho sí merece, creo, una reflexión en profundidad. Porque en Catalunya somos muy propensos a diseñar modelos de gestión creativos.

No es responsable poner en marcha un proyecto del calado del de Spanair-El Prat, sin atender los aspectos que tienen que ver, no tanto con los objetivos --en los que llegamos a acuerdos-- sino con la manera con la que nos organizamos voluntariamente para conseguirlos.

Cuando se trata de explicar un fracaso se tiene la tendencia natural a dirigir las críticas hacia el "enemigo exterior". En el mundo empresarial el adversario existe y en este caso era muy poderoso. Iberia con la T4, había abandonado El Prat. Había cedido las operaciones de feeder a sus compañías filiales (punto a punto), salvo el Puente Aéreo, y se había concentrado en operaciones de largo radio con base en su terminal de Madrid, hecho empresarial que pone en desventaja competitiva el tejido empresarial catalán.

Los aproximadamente 300.000 latinoamericanos que viven en Catalunya representan un colectivo, suficientemente numeroso, como para llenar aviones con destino a sus países de origen con salida de Barcelona. Y sin embargo, los latinoamericanos, los turistas y los hombres de negocios, tenemos que hacer escala en Madrid y perder, aproximadamente, tres horas más.

El proyecto Spanair quería paliar este hándicap, pero los objetivos --absolutamente válidos-- no se han visto acompañados por cómo se ha gestionado el proyecto.

De la experiencia deberíamos tomar nota y aprender.

Porque, estoy seguro, vamos a tener que intentarlo otra vez. La necesidad nos empujara a ello.
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